El Mesías de Händel

“Yo todas las Navidades, desde hace muchos años, escucho el Mesías de Händel” (Mi abuelo, sobre su vida y costumbres).

Don Enrique, como le llaman en la fábrica y en el campo, es un tío simpático, aunque él no se lo crea. Madrugador, de ojos verdes tras las gafas, inventos constantes y excursiones gastronómicas.

De primeras, efectivamente, puede parecer huraño. Pero a nada que rasques encuentras un corazón con patas.

Mi abuelo es el de las confidencias a su nieta en las tardes de verano, sentados en el balancín. Es quien me convierte en la ‘nietísima‘ para mis amigas, que me bautizaron así desde que vieron que en la mesita del teléfono hay una foto mía, teniendo casi 30 nietos.

Mi abuelo es el de los regalos sin ton ni son. Quien repetía la frase “Yo te regalo un vestido, pero no puedes mirar el precio“. El de las cazadoras y los calcetines y los sombreros como manías.

Fan de la tienda “La Pajarita“.

El de “No me des las gracias tanto, niña“.

El abuelo y la nieta. Mi abuelo.

Su último regalo -uno de los mejores que me han hecho- fue ir al concierto participativo de la Obra Social de la Caixa “El Mesías” de Händel. Cantaba un hermano de mi abuela y su mujer, formando parte de un coro de cerca de 500 personas.

Una maravilla. Todavía lo disfruto y hace dos o tres semanas que lo oímos.

la foto

 Allí, mientras escuchaba y leía los textos (aquí una versión) entendí muchas cosas. Tiene mucha fuerza, un peso extraordinario y nada sobra. Convendría hacer como mi abuelo, que se sienta a oír esta pieza la mañana de Navidad. Y leyéndolo a la vez, pensar. Podría convertirse en una rutina mía… una costumbre que otros podrán heredar.